Costanera cerrada, entrada paga y familias de bajo recursos afuera: el Carnaval que divide a Salto

🎭 CARNAVAL CON ENTRADA PAGA: CUANDO LA FIESTA POPULAR DEJA AFUERA AL PUEBLO

El Carnaval, históricamente reconocido como una de las expresiones culturales más populares y representativas del Uruguay, vuelve a instalar el debate en Salto. Esta vez, no por la calidad artística ni por la participación de las comparsas, sino por una decisión que genera polémica: el cierre total de la costanera norte y la implementación de entrada paga para presenciar los desfiles.

Desde el jueves 5 hasta el lunes 9 de febrero, la Intendencia de Salto resolvió clausurar el acceso a uno de los espacios públicos más concurridos y tradicionales de la ciudad. Durante esos días, vecinos, familias y turistas no podrán utilizar la zona para actividades recreativas habituales como paseos, playa o uso de parrilleros.

La medida, que busca garantizar la organización del evento, abre sin embargo una discusión de fondo: ¿hasta qué punto un espectáculo cultural puede apropiarse de un espacio público y restringir su acceso a quienes no pueden pagar?

UNA FIESTA POPULAR CON FILTRO ECONÓMICO

El Carnaval nació y se consolidó como una manifestación cultural del pueblo. Su esencia siempre estuvo ligada a la participación colectiva, al encuentro social y al acceso abierto. Sin embargo, la implementación de entradas con valores considerados elevados para la realidad económica de muchas familias salteñas genera un escenario que contradice ese espíritu.

En una ciudad donde el ingreso promedio muchas veces obliga a priorizar gastos esenciales, destinar dinero para que toda una familia pueda presenciar un desfile carnavalesco puede transformarse en un lujo inaccesible.

El resultado es una fiesta que, paradójicamente, corre el riesgo de transformarse en un espectáculo selectivo, limitando el acceso justamente a quienes históricamente le dieron vida y sentido.

EL IMPACTO EN LOS VECINOS Y EL DERECHO AL ESPACIO PÚBLICO

Más allá del evento en sí, el cierre total de la costanera norte plantea otra discusión relevante: el derecho de los ciudadanos a utilizar los espacios públicos.

La costanera no es solamente un escenario eventual para eventos masivos. Es un lugar de encuentro cotidiano, recreación familiar y esparcimiento social. Su clausura total durante varios días implica alterar la dinámica habitual de cientos de vecinos que encuentran allí uno de los pocos espacios gratuitos para disfrutar del verano.

Especialistas en gestión urbana sostienen que los eventos culturales deben convivir con el uso ciudadano del espacio público, buscando equilibrios y alternativas que eviten la exclusión total.

LOS MÁS PERJUDICADOS: LOS PEQUEÑOS TRABAJADORES

Otro punto que genera preocupación es el impacto económico sobre los pequeños comerciantes informales y trabajadores independientes de la zona.

Vendedores de tortas fritas, heladerías y puestos ocasionales dependen en gran medida del flujo habitual de personas que transitan por la costanera. La restricción del acceso y la concentración del público en sectores pagos puede reducir considerablemente sus ingresos, afectando directamente economías familiares que ya operan en condiciones de vulnerabilidad.

Paradójicamente, mientras el evento busca dinamizar la actividad cultural y económica, algunos sectores locales podrían resultar perjudicados.

¿FALTA DE PLANIFICACIÓN O DECISIÓN POLÍTICA?

Las críticas también apuntan a la planificación del evento. Diversos sectores plantean que existen alternativas viables que permitirían compatibilizar el desarrollo del Carnaval con el acceso ciudadano, como cierres parciales, delimitación por tramos o franjas horarias.

La ausencia de estas alternativas genera cuestionamientos sobre si la decisión responde a criterios organizativos inevitables o a una falta de voluntad para buscar soluciones más inclusivas.

CULTURA SÍ, PERO CON ACCESO PARA TODOS

Defender el Carnaval implica también defender su esencia popular. La promoción cultural no debería transformarse en una barrera económica ni en una restricción del uso del espacio público.

El desafío de las autoridades no pasa únicamente por organizar eventos exitosos desde lo artístico o logístico, sino por garantizar que esos eventos representen verdaderamente a toda la comunidad.

EL DEBATE QUE QUEDA ABIERTO

La presentación de reclamos ciudadanos solicitando modificaciones en futuras ediciones refleja un malestar que va más allá de una simple diferencia de opiniones. Expone una discusión más profunda sobre el modelo de gestión cultural y el rol del Estado en la administración de espacios públicos.

El Carnaval es identidad, tradición y pertenencia. Pero cuando la celebración comienza a tener barreras económicas o territoriales, el riesgo es que pierda su carácter integrador.

Porque una fiesta popular deja de serlo cuando el pueblo no puede participar.

Facebook
WhatsApp
X
Telegram

Más noticias