Hospital de Salto, otra vez bajo la lupa: muerte de adulto mayor expone fallas graves en la atención
El Hospital de Salto vuelve a estar en el centro de la polémica. Esta vez, por la muerte de un hombre de 86 años que residía solo en una zona rural del departamento y que, según denuncian sus familiares, pidió asistencia médica en reiteradas oportunidades antes de fallecer.
De acuerdo con la información recabada, el adulto mayor habría solicitado ayuda por complicaciones de salud. Fue atendido, medicado y enviado nuevamente a su domicilio. Sin embargo, no habría existido —según sostiene la familia— una valoración integral de su estado general ni una consideración adecuada de su contexto: edad avanzada, soledad y residencia en un área alejada de los servicios básicos.
Al día siguiente, el hombre fue hallado sin vida.
La secuencia genera interrogantes que no pueden minimizarse: ¿se evaluó correctamente el riesgo de dejar solo a un paciente de 86 años en zona rural? ¿Hubo seguimiento posterior? ¿Se activaron protocolos específicos para personas mayores en situación de vulnerabilidad? ¿Existió coordinación con servicios sociales o redes de apoyo comunitario?
No es la primera vez que el Hospital de Salto enfrenta cuestionamientos por presuntas fallas en la atención. Familiares de otros pacientes han denunciado demoras, altas médicas controvertidas y falta de comunicación clara. Cada caso tiene su particularidad, pero el patrón que señalan los denunciantes se repite: pedidos de auxilio que no encuentran respuesta suficiente y familias que quedan reclamando explicaciones.
La salud pública no admite improvisación. Mucho menos cuando se trata de adultos mayores que viven solos y dependen exclusivamente del sistema para sobrevivir. En estos casos, la atención no puede limitarse a la prescripción de medicación y el alta médica. La evaluación debe ser integral, considerando el entorno social, la autonomía real del paciente y los riesgos asociados.
La familia exige una investigación administrativa y médica que determine responsabilidades. También reclama acceso completo a la historia clínica y a los registros de asistencia brindada. Por su parte, hasta el momento no se ha difundido una postura oficial detallada por parte del centro asistencial sobre este episodio puntual.
El fallecimiento de un adulto mayor en estas circunstancias no puede archivarse como un hecho aislado. Si hubo omisiones, deben establecerse con claridad. Si hubo errores, deben reconocerse. Y si existen fallas estructurales en los protocolos de atención, deben corregirse de forma urgente.
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿cuántas alertas más deben encenderse para que se revisen los procedimientos? La confianza en el sistema de salud se construye con transparencia, responsabilidad y acciones concretas. Sin respuestas claras, la sombra de la duda seguirá creciendo sobre el Hospital de Salto.


