Hablan de austeridad, pero reservan millones para su propio círculo.

Hace pocos días el intendente de Salto, Carlos Albisu, afirmó ante ediles de la CORE que está gobernando “con escarbadientes”. Con esa frase intentó transmitir que la Intendencia trabaja con pocos recursos y que es urgente aprobar el Presupuesto Quinquenal para poder avanzar.

Pero cuando se observa con atención el contenido de ese presupuesto, el discurso empieza a perder fuerza.

En el proyecto no aparecen planes concretos para construir viviendas.

Tampoco hay mejoras claras para los trabajadores municipales.

Y las políticas sociales prácticamente no tienen peso dentro de las prioridades.

A pesar de eso, el oficialismo asegura que se trata del presupuesto más grande en la historia de Salto, destacando que el 51% se destinaría a obras.

Sin embargo, hay un dato que resulta imposible de ignorar: 13 millones de dólares destinados a cargos de confianza durante el quinquenio.

Mientras tanto, los funcionarios municipales siguen esperando mejoras que nunca llegan. En la práctica parece existir una Intendencia con dos realidades distintas:

por un lado los cargos políticos, que mejoran sus ingresos,

y por otro los trabajadores comunes, que continúan esperando respuestas.

Ahí aparece la gran contradicción.

Durante la campaña se prometió un cambio, una forma distinta de gobernar y prioridades más cercanas a la gente. Pero cuando se analizan los números, el cambio parece beneficiar primero a quienes ocupan cargos de confianza.

Entonces aquella frase de “gobernar con escarbadientes” termina generando otra lectura.

Porque mientras se habla de escasez, hay millones destinados al entorno político.

Y la pregunta es simple y directa:

¿qué se podría hacer con 13 millones de dólares para la gente de Salto?

Con ese dinero podrían construirse cerca de 300 viviendas para familias que hoy siguen esperando una solución habitacional.

También podrían financiarse programas sociales, mejorar salarios municipales o reforzar servicios básicos para la población.

Pero hoy esas prioridades no aparecen con la misma fuerza en el presupuesto.

Por eso cada vez más ciudadanos se preguntan para quién se está gobernando realmente.

Porque el problema no es decir que se gobierna con escarbadientes.

El problema es cuando unos pocos terminan sentados a la mesa del poder mientras la mayoría sigue esperando soluciones.

Cuando el poder se utiliza para acomodar a un grupo reducido, el cambio prometido se transforma en frustración para quienes confiaron y dieron su voto esperando otra realidad.

Mientras tanto, día tras día se multiplican los anuncios, los comunicados y el relato oficial.

Un relato que para muchos vecinos no coincide con lo que se vive en la calle.

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