
🎭 El carnaval sigue, las sillas esperan… y la gente parece haberse quedado en casa mirando los precios.
El Carnaval de Salto se desarrolla en este momento en el Sambódromo, pero la escena dista mucho de la postal festiva que se intenta mostrar. La concurrencia es escasa y varios sectores de gradas permanecen prácticamente vacíos, mientras el malestar se percibe claramente entre los pocos asistentes.
El principal foco de crítica son los costos, que hoy resultan prohibitivos para la mayoría de las familias salteñas. Para un grupo de seis personas, las cifras son claras y concretas:
Mesa para seis personas: $2.040 Entrada general: $220 por persona Entradas (220 x 6): $1.320
Total para ingresar y sentarse: $3.360
A ese monto se suman los consumos dentro del predio. Cervezas, refrescos, panchos y choripanes elevan el gasto en aproximadamente $5.000, llevando el gasto total estimado a $8.360.
“Andate a Concordia mejor”, expresa un espectador presente, molesto por los valores que se cobran en Salto y comparándolos con la propuesta del otro lado del río, mucho más accesible.
En lo organizativo, el espectáculo muestra baches de hasta una hora de espera entre pasadas, lo que genera aburrimiento y desconcierto. La situación se agrava con un hecho grave: una comparsa de la zona sur directamente no puede salir. La agrupación no desfila porque fue estafada por la empresa carnavalesca y los trajes comprometidos no llegan, dejándola fuera del desfile y exponiendo serias fallas en la gestión del evento.
A esto se suma una imagen que sintetiza el momento actual del carnaval: filas de sillas encimadas y vacías, dispuestas para un público que no llega ni va a llegar, expulsado por los altos costos. El Sambódromo aparece preparado para una concurrencia que el propio precio de la fiesta deja afuera.

Mientras el carnaval avanza, se hace evidente un cambio de perfil. La propuesta apunta a un público de mayor poder adquisitivo, excluyendo a los sectores populares que históricamente sostienen esta celebración. Sin embargo, ni siquiera ese público acompaña, y las gradas vacías lo confirman.
Las críticas alcanzan también a la gestión actual, señalada por impulsar un carnaval selectivo, pensado para pocos y no para todo el pueblo. El desfile continúa, pero la pregunta ya está instalada: ¿para quién se organiza hoy el Carnaval de Salto?



