
La intervención del director Facundo Marziotte ante la Junta Departamental de Salto dejó más frases bonitas que información real en pleno tratamiento quinquenal, participando de la comisión integrada de Hacienda y Legislación.
La comparecencia del jerarca ante ediles departamentales fue presentada públicamente como un ejercicio de diálogo democrático y transparencia. Sin embargo, el mensaje difundido tras la instancia no resiste un análisis mínimo: es un texto armado para cuidar imagen, no para informar a la ciudadanía.
El comunicado abunda en expresiones amables, agradecimientos y solemnidad institucional, pero omite lo esencial. No hay cifras, no hay decisiones detalladas, no hay medidas explicadas ni posiciones defendidas. En otras palabras, no hay contenido verificable. Para un tratamiento presupuestal —instancia donde deberían sobrar datos y precisiones— la ausencia resulta tan evidente como llamativa.
El recurso discursivo es transparente: usar lenguaje formal para simular profundidad. Se habla de respeto, intercambio y compromiso, pero no se dice qué se discutió ni qué se resolvió. Es el manual clásico de comunicación política: cuando faltan resultados, sobran palabras.
La afirmación de que se “respondieron todas las preguntas” tampoco aporta claridad. Sin especificar cuáles fueron ni qué se contestó, esa frase funciona más como blindaje retórico que como señal de transparencia real. No prueba nada, solo intenta instalar una percepción.
El agradecimiento generalizado a representantes de todos los partidos refuerza esa estrategia. Sugiere consenso amplio, aunque no se mencionen acuerdos concretos ni eventuales discrepancias. La escena se describe armónica; el contenido, invisible.

Lo que no se dijo
Qué puntos del presupuesto se defendieron. Qué cuestionamientos plantearon los ediles. Qué cifras se discutieron. Qué decisiones impactarán en la población de Salto.
El mensaje posterior a la comparecencia no funciona como informe público, sino como pieza de posicionamiento personal. Es comunicación de imagen, no rendición de cuentas. Mucha forma institucional, cero sustancia administrativa.
Definirlo como una instancia informativa sería exagerado. Definirlo como estrategia de exposición cuidada sería más preciso. Porque cuando un comunicado evita datos y repite fórmulas protocolares, el objetivo no es explicar: es quedar bien.
Conclusión tajante:
La presentación no dejó claridad ni respuestas. Dejó relato. Y en política, cuando la información se reemplaza por discurso, el resultado no es transparencia: es maquillaje.
Para muchos observadores, la escena fue exactamente eso: toda una lavada de cara.


