
El silencio del gobierno departamental frente a una urgencia social que no admite dilaciones
En una ciudad donde el discurso oficial insiste en priorizar a la infancia, el deporte y la inclusión social, la realidad vuelve a poner a prueba a la administración departamental de Salto. Esta vez, el foco está puesto en la Escuelita de Fútbol El Kincho, un espacio comunitario que durante años ha contenido, formado y acompañado a decenas de niños y niñas de la zona, y que hoy espera una respuesta concreta del gobierno encabezado por el intendente Carlos Albisu.
Los padres de la escuelita iniciaron formalmente el expediente N.º 2025-39520 ante la Intendencia de Salto, solicitando apoyo económico para reactivar un proyecto que no es un lujo ni un capricho, sino una herramienta social de primer orden. El Kincho no es solo fútbol: es integración, es prevención, es comunidad. Es, en términos claros, un dique de contención para más de 80 familias.
Sin embargo, mientras el expediente avanza por los pasillos burocráticos, la incertidumbre crece. Y con ella, una pregunta incómoda pero inevitable:
¿Qué lugar ocupan realmente las políticas sociales de base en la agenda del gobierno departamental?
Resulta difícil de justificar que un proyecto de estas características deba mendigar atención. En un contexto social complejo, donde el acceso a espacios saludables y de referencia es clave para niños y adolescentes, la falta de definiciones no es neutral: también es una forma de decisión.
Este no es un ataque personal ni una proclama partidaria. Es un señalamiento firme y necesario. Gobernar implica elegir, y elegir también significa dar respaldo a quienes sostienen el tejido social desde abajo, muchas veces sin recursos, sin prensa y sin padrinos políticos.
El pedido al intendente Albisu es claro, público y legítimo. Los padres no exigen privilegios; solicitan acompañamiento para sostener un espacio que el Estado, por sí solo, no alcanza a cubrir. Ignorar o postergar esta demanda sería enviar un mensaje preocupante a la comunidad: que los discursos sobre infancia y deporte no siempre se traducen en hechos.
La Escuelita de Fútbol El Kincho espera. Las familias esperan.
Y Salto también espera una señal política que esté a la altura de sus propias promesas.

Mientras la Intendencia de Salto gasta millones en publicidad tratando de maquillar la realidad, no es capaz de apoyar un proyecto social real como la Escuelita de Fútbol El Kincho. Este espacio, que acompaña a decenas de niños con educación, deporte e inclusión, sigue sin respaldo oficial mientras el expediente presentado por los padres permanece parado. La prioridad del gobierno parece ser la imagen, no la infancia ni la comunidad.


