La presentación de “Salto al Agua”, impulsada por el intendente de Salto, Carlos Albisu, fue difundida como una propuesta que conjuga deporte, salud y turismo. Sin embargo, al analizar el contenido del informe oficial, la iniciativa deja más dudas que certezas.
El comunicado abunda en conceptos aspiracionales —“valor deportivo”, “oferta turística”, “seguridad”, “proyección anual”— pero omite datos fundamentales: no se informa el presupuesto asignado, la cantidad de inscriptos, el costo operativo mensual ni los objetivos medibles a corto y mediano plazo. En gestión pública, la ausencia de números no es un detalle menor: es una señal de improvisación o de falta de transparencia.
El programa comenzó el 1.º de febrero, en plena temporada alta, lo que plantea otra interrogante: ¿por qué no se lanzó al inicio del verano? Si la intención era potenciar el turismo, el calendario resulta tardío. Además, no se especifica cómo se sostendrá durante el invierno, cuando las condiciones climáticas y el caudal del río pueden limitar la actividad.
En cuanto a la infraestructura, actualmente se dispone de tablas de SUP y kayaks, mientras que la ampliación del equipamiento fue anunciada como una “gestión en trámite”. Es decir, el proyecto arranca con recursos básicos y promesas a futuro. En lugar de presentar un programa consolidado, se comunica una intención en construcción.
El equipo técnico está conformado por tres instructores y guardavidas. Para una propuesta que pretende abarcar todas las edades, integrarse con escuelas municipales y proyectarse durante todo el año, la estructura luce claramente insuficiente. No se detalla tampoco un plan de formación, escalabilidad ni cobertura ante una eventual alta demanda.
La seguridad fue destacada como uno de los pilares del proyecto, mencionándose botiquín, desfibrilador y coordinación con Prefectura. Sin embargo, esos elementos no representan un valor agregado: son requisitos mínimos para cualquier actividad náutica habilitada. Presentarlos como mérito evidencia un estándar bajo de exigencia institucional.
En el plano turístico, el discurso oficial insiste en posicionar la actividad como parte del “menú” que ofrece la ciudad. No obstante, no se menciona articulación con operadores turísticos, campañas de promoción regional o nacional, ni integración con paquetes termales u hoteleros. Sin estrategia comercial concreta, hablar de impacto turístico resulta, por ahora, una afirmación sin respaldo.
El cierre del intendente enfatiza que la iniciativa es “deporte, salud y turismo”. Pero el informe no aporta indicadores de salud pública, metas deportivas ni proyecciones económicas. La narrativa es sólida; la planificación, difusa.
En definitiva, “Salto al Agua” puede ser una actividad recreativa positiva para quienes participen. Pero el modo en que fue presentada revela más construcción de imagen que política pública estructurada. Sin presupuesto detallado, metas claras ni evaluación de impacto, el programa corre el riesgo de quedar como una foto institucional más del verano y no como una verdadera política deportiva y turística para el departamento.



