Salto bajo la gestión municipal: ocho meses de promesas, propaganda y abandono
En los últimos días, el Gobierno de Salto intensificó de manera notable la difusión de anuncios publicitarios en todos los medios locales. La estrategia, que involucra a prácticamente todos los jerarcas de la Intendencia, se centra en destacar logros muchas veces triviales o inexistentes. Entre los ejemplos más llamativos se encuentra la insistente propaganda sobre la reparación de maquinaria municipal: una acción rutinaria y necesaria para el funcionamiento cotidiano, pero presentada como un “gran logro” ante la ciudadanía.
Cualquier profesional de la construcción sabe que el mantenimiento de la maquinaria de una administración municipal es un hecho cotidiano, indispensable y permanente. Sin embargo, la Intendencia convierte estas tareas normales en un espectáculo mediático que no corresponde. Mientras tanto, Salto como destino turístico recibe mínima atención; el verdadero potencial de la ciudad, sus espacios termales y su infraestructura cultural, queda relegado frente al autobombo político.
La consigna repetida hasta el hartazgo de que “la ciudad está cambiando” se ha convertido en un mantra mediático, pagado con fondos públicos. La frase, una vez más, confirma la vieja máxima: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Muchos ciudadanos comienzan a aceptar estas afirmaciones, aunque la realidad cotidiana desmienta la narrativa oficial: plazas y espacios públicos convertidos en pastizales o basurales, parques y la Costanera en estado de abandono, y plazas céntricas que parecen terrenos baldíos.
El turismo local refleja la misma negligencia. Ocho meses de gestión han transcurrido sin mejoras visibles en las Termas de Daymán, con baños deteriorados y falta de personal de atención permanente. La seguridad y el cuidado de los más chicos se ven comprometidos: ya es necesario que un adulto supervise a los menores en los baños públicos debido a situaciones que, hasta ahora, nunca se habían registrado en los centros termales.
Los operadores turísticos de la zona, incluso aquellos con afinidad política al gobierno municipal, han comenzado a expresar públicamente su alarma. La temporada turística en curso es la peor desde los años de pandemia, un reflejo claro de la ineficacia de la gestión y de la prioridad otorgada a la propaganda sobre el desarrollo real de la ciudad.
En resumen, ocho meses de anuncios, promesas y propaganda han generado más humo que resultados concretos. Mientras los jerarcas se promocionan a sí mismos, Salto evidencia abandono, desidia y un turismo en crisis. La ciudad, más que “cambiar”, reclama acción efectiva, planificación real y responsabilidad por parte de quienes administran recursos públicos.



