Mientras desde la Asociación Daymán 360 se intenta sostener un relato optimista sobre la temporada de verano en Termas de Daymán, los propios datos oficiales expuestos por su presidenta, María Inés Pereyra, dejan en evidencia una realidad mucho menos alentadora y, sobre todo, una profunda falta de autocrítica en la conducción turística del destino.
La primera señal de alarma es clara y concreta: la ocupación turística cayó un 20% respecto a enero del año pasado. No se trata de una percepción ni de una estimación externa, sino de un número reconocido por los propios operadores. En un contexto donde el turismo debería ser motor económico del litoral norte, esta caída representa un retroceso significativo que no puede maquillarse con discursos sobre “altas temperaturas” o “fuerte presencia de visitantes”.
A esto se suma un dato aún más preocupante: el perfil del visitante es definido como “sumamente gasolero”. En términos reales, esto implica menor consumo, menos movimiento económico y escaso impacto positivo en comercios, servicios y empleo local. El turismo que llega no dinamiza la economía; apenas sobrevive.
El calor como excusa, no como estrategia
Desde Daymán 360 se destaca que las piscinas termales comienzan a enfriarse “de forma natural” debido a las altas temperaturas del verano, pese a que el agua emerge a unos 45 grados desde el acuífero Guaraní. Sin embargo, este argumento evidencia una ausencia total de planificación técnica y gestión moderna del recurso.
En destinos termales consolidados de la región y del mundo, la regulación térmica del agua es parte básica del servicio. En Daymán, en cambio, el “enfriamiento natural” parece más una justificación que una solución, trasladando al visitante una falencia que debería ser resuelta por la administración.
Argentinos: un regreso mínimo y tardío
Otro punto que el discurso oficial intenta resaltar —pero que en realidad confirma la debilidad del destino— es el regreso “leve” de turistas argentinos. Tras la pandemia y la brecha cambiaria, el retorno es apenas incipiente y está lejos de compensar la caída general.
Los datos macroeconómicos regionales son públicos: la mejora del tipo de cambio ya permitió un repunte en otros destinos uruguayos. Que Daymán solo registre una recuperación marginal expone una falta de competitividad y promoción efectiva, especialmente frente a otras plazas termales y turísticas.
Oferta fragmentada y sin impacto real
La enumeración de atractivos complementarios —Aquamanía, cabalgatas, pesca, paseos guiados o visitas a la represa de Salto— no logra revertir el problema de fondo. La oferta existe, pero no se traduce en estadías más largas ni en mayor gasto turístico.
Esto revela una carencia estructural: no hay paquetes integrados, no hay una estrategia clara de posicionamiento ni una política sostenida de desarrollo turístico regional. El destino ofrece actividades, pero no vende experiencias.
Un modelo que muestra señales de agotamiento
En síntesis, Termas de Daymán atraviesa una temporada que, lejos de ser “buena”, está marcada por menor ocupación, bajo consumo, escaso atractivo internacional y deficiencias de gestión. Todo esto surge de datos oficiales, no de especulación.
El problema no es el calor, ni el turista “gasolero”, ni la coyuntura regional. El problema es un modelo turístico que hace años no se revisa, no se moderniza y no se adapta. Y mientras el discurso institucional intenta sostener una imagen positiva, la realidad económica del destino desmiente ese relato.
Daymán sigue siendo un ícono termal, pero hoy está más cerca de sobrevivir que de crecer. Y los números oficiales lo confirman.


